
Japón ayudó a financiar al mundo: ahora el dinero barato empieza a regresar a casa
Durante décadas, Japón mantuvo algunas de las tasas de interés más bajas del mundo. Ese dinero barato no se quedó dentro de sus fronteras: alimentó compras de bonos estadounidenses, europeos y de mercados emergentes, favoreció operaciones de carry trade y contribuyó a reducir el costo internacional del capital. Ese entorno coincidió con la expansión de Internet, la globalización financiera y, más recientemente, el auge de la inteligencia artificial. Ahora, con las tasas japonesas y los rendimientos de sus bonos en máximos de varias décadas, una parte de aquel mecanismo podría comenzar a funcionar al revés.
¿Puede el aumento de las tasas en Japón encarecer el crédito mundial?
Sí. Si los bonos japoneses vuelven a ofrecer rendimientos atractivos, los inversionistas de Japón tienen menos incentivos para enviar su ahorro hacia bonos estadounidenses, europeos o emergentes. Menor demanda de esos activos puede traducirse en mayores rendimientos y, por tanto, en un costo más alto para financiar gobiernos, empresas, hipotecas e incluso las enormes inversiones que requiere la inteligencia artificial.
No significa que Japón determine por sí solo las tasas mundiales. Significa algo más interesante: uno de los grandes proveedores estructurales de capital barato de las últimas décadas podría estar dejando de serlo.
Durante décadas, Japón tuvo un problema que terminó beneficiando financieramente al resto del mundo
Para entender lo que ocurre ahora hay que regresar varias décadas.
Después del colapso de la gran burbuja inmobiliaria y bursátil japonesa a comienzos de los años noventa, Japón entró en un periodo extraordinariamente prolongado de bajo crecimiento, inflación muy reducida y episodios de deflación.
El Banco de Japón respondió llevando progresivamente las tasas hacia niveles que entonces parecían imposibles e extraordinarios.
En 1998, el rendimiento del bono japonés a 10 años llegó a aproximadamente 0.7%, un nivel sin precedentes históricos en aquel momento. (eLibrary IMF)
En febrero de 1999 el Banco de Japón introdujo formalmente su política de tasa de interés cero. En 2001 dio otro paso y comenzó una política de expansión cuantitativa. Años después llegaron nuevas rondas de estímulo, compras masivas de bonos, tasas negativas y, desde 2016, el control explícito de la curva de rendimientos. (Banco de Japón)
Lo que nació como una respuesta a los problemas internos de Japón terminó afectando al mundo y teniendo consecuencias internacionales.
Porque Japón poseía algo que el resto del mundo necesitaba: enormes cantidades de ahorro.
¿Qué hace un país con mucho ahorro y tasas cercanas a cero?
Facil, busca rendimientos en otra parte.
Con el tiempo las familias japonesas, bancos, aseguradoras, fondos de pensiones y administradores institucionales fueron acumulando enormes posiciones en activos extranjeros.
Este fenómeno comenzó incluso antes de la política de tasa cero. El FMI documentó que los valores financieros fueron el principal vehículo mediante el cual Japón transfirió parte de su excedente de ahorro al extranjero durante los años ochenta y principios de los noventa, y que buena parte de esas inversiones se concentró en bonos. (eLibrary IMF)
En los noventa el proceso continuó.
El FMI registró que en 1995 y 1996 las compras extranjeras de bonos estadounidenses alcanzaron niveles extraordinarios y que Japón estaba entre los países que canalizaban grandes flujos hacia los mercados de renta fija de Estados Unidos. (IMF)
En el paso de los años ese mecanismo se hizo enorme.
Al cierre de 2025, Japón tenía activos externos por aproximadamente ¥1,806 billones —1.806 cuatrillones de yenes en la nomenclatura anglosajona— y una posición internacional neta acreedora de alrededor de ¥562 billones. (Ministerio de Finanzas de Japón)
Japón se convirtió, esencialmente, en uno de los grandes acreedores del sistema financiero internacional.
El primer canal: el ahorro japonés comenzó a financiar a otros países
Cuando una aseguradora japonesa compra un Treasury estadounidense ocurre algo aparentemente sencillo.
Entrega capital a Estados Unidos a cambio de un bono. Pero cuando millones de inversionistas hacen lo mismo, la consecuencia es macroeconómica.
Mayor demanda de bonos implica:
y, debido a la relación inversa entre precio y rendimiento:
Ese rendimiento no es importante únicamente para el gobierno estadounidense.
Los Treasuries sirven como referencia para una enorme cantidad de activos financieros. Bonos corporativos, hipotecas, proyectos de infraestructura y otros créditos suelen construirse a partir de una tasa considerada relativamente libre de riesgo más una prima adicional.
De manera simplificada:
Si enormes cantidades de ahorro internacional presionan hacia abajo la tasa base, el costo del capital puede disminuir para toda la economía.
Y ahí comienza a aparecer una conexión mucho más interesante.
¿Japón ayudó a financiar el desarrollo de Internet?
Indirectamente, sí; pero conviene precisar qué significa.
Sería incorrecto afirmar que Japón financió directamente la revolución de Internet. Muchas compañías tecnológicas estadounidenses de los años noventa crecieron mediante capital de riesgo, emisión de acciones y el propio mercado de capitales estadounidense.
Pero Internet tampoco se desarrolló en un vacío financiero.
La segunda mitad de los noventa combinó una revolución tecnológica con enormes flujos internacionales de capital hacia Estados Unidos. En 1996, las compras extranjeras de bonos gubernamentales y corporativos estadounidenses alcanzaron un máximo histórico, y Japón fue uno de los países de origen relevantes de esos flujos. (IMF)
El capital japonés no necesariamente terminaba directamente en una empresa de Internet.
El mecanismo podía ser mucho más indirecto:
y esas condiciones reducían el costo relativo del capital y favorecían una mayor disposición de los inversionistas a asumir riesgo.
Existe además otro efecto financiero particularmente importante para las empresas tecnológicas.
Cuando las tasas de descuento disminuyen, el valor presente de las utilidades que una compañía promete generar a muchos años en el futuro aumenta:
Una reducción de , la tasa de descuento, puede elevar considerablemente el valor presente de flujos muy distantes.
Eso beneficia especialmente a empresas de crecimiento, cuya valoración depende más de ganancias futuras que de utilidades presentes.
Por tanto, Japón fue una pieza del entorno internacional de abundante capital y bajos rendimientos en el que florecieron las nuevas industrias tecnológicas. No fue la causa del desarrollo de Internet, pero tampoco fue irrelevante para las condiciones financieras que acompañaron aquella transformación.
El segundo canal fue todavía más peculiar: pedir prestado en yenes para invertir en todo el mundo
A la salida del ahorro japonés se agregó posteriormente otro fenómeno:
el yen carry trade.
Su lógica es sencilla.
Un inversionista puede financiarse en una moneda con tasas muy bajas y utilizar ese dinero para comprar activos que ofrecen rendimientos superiores.
Por ejemplo:
y después:
Antes de considerar movimientos cambiarios, cobertura y otros costos, existe un diferencial potencial de:
Durante largos periodos, el yen fue precisamente una de las principales monedas utilizadas para ese tipo de operación.
El Banco de Pagos Internacionales ha documentado durante décadas la utilización del yen como moneda de financiamiento y el crecimiento del carry trade cuando los diferenciales internacionales de tasas se ampliaban. En 2005, por ejemplo, el BIS ya detectaba un aumento de los préstamos denominados en yenes relacionado con este tipo de operaciones. (Bank for International Settlements)
Antes de la crisis financiera mundial de 2008, el carry trade financiado en yenes se había vuelto especialmente importante. (Bank for International Settlements)
Japón ya no sólo exportaba su propio ahorro.
Su moneda se había convertido en una fuente internacional de financiamiento.
Japón terminó funcionando como una especie de “ancla barata” del sistema financiero
Esta situación sobrevivió prácticamente a todos los grandes acontecimientos económicos de las siguientes décadas.
Después de la crisis de 2008, otros bancos centrales llevaron también sus tasas hacia cero, reduciendo temporalmente la singularidad japonesa.
Pero cuando Estados Unidos y otras economías comenzaron posteriormente a normalizar tasas mientras Japón permanecía extraordinariamente expansivo, el diferencial volvió a ampliarse.
La política monetaria japonesa incluyó desde 2013 una expansión cuantitativa y cualitativa extraordinaria y desde 2016 una tasa negativa y control de la curva de rendimientos. (Banco de Japón)
El resultado fue que durante años un inversionista japonés podía mirar sus alternativas domésticas y encontrar rendimientos extremadamente bajos.
Eso incentivaba la búsqueda de rendimiento:
La investigación reciente del FMI ofrece evidencia especialmente importante para esta tesis.
El organismo encontró que las políticas expansivas del Banco de Japón generaron efectos sobre los rendimientos soberanos de otros países y que esos efectos fueron mayores precisamente donde los inversionistas japoneses tenían mayor participación. Parte de la transmisión ocurrió mediante la prima por plazo de los bonos. (IMF)
Es decir, ya no hablamos solamente de una hipótesis, existe evidencia de que la política monetaria japonesa se transmitió a las tasas de otros países.
Entonces llegó la inteligencia artificial
La actual revolución de inteligencia artificial plantea una situación financieramente distinta a la de Internet.
Las empresas tecnológicas que lideran esta carrera generan hoy enormes cantidades de efectivo, pero la infraestructura que necesitan construir también tiene dimensiones extraordinarias.
Centros de datos, semiconductores, servidores, sistemas de almacenamiento, nuevas redes eléctricas, refrigeración y capacidad de generación energética requieren capital por cientos de miles de millones de dólares.
Microsoft, Alphabet, Amazon, Meta, Oracle y otras compañías están aumentando agresivamente su inversión.
Un análisis de Reuters publicado en julio de 2026 encontró que el crecimiento del gasto de capital relacionado con IA está presionando incluso el flujo de efectivo libre de las grandes tecnológicas. (Reuters)
Y comienza a observarse una consecuencia particularmente relevante para nuestra historia.
Big Tech está recurriendo cada vez más al mercado de bonos.
Amazon, Alphabet y otras grandes tecnológicas estadounidenses han emitido aproximadamente €40,000 millones en deuda denominada en euros, en buena medida para financiar la expansión relacionada con IA y centros de datos. Big Tech ya representa cerca del 10% de las nuevas emisiones corporativas no financieras denominadas en euros, según datos citados por Reuters y el BCE. (Reuters)
Aquí la conexión con Japón se vuelve más directa.
La revolución de la IA necesita cantidades enormes de capital… y precisamente cuando uno de los mayores proveedores históricos de capital internacional comienza a tener mejores razones para conservar su dinero dentro de casa.
Algo cambió en Japón
Durante mucho tiempo la comparación era sencilla.
¿Por qué comprar un bono japonés que paga prácticamente cero si otro país ofrece 3%, 4% o más?
Pero Japón está dejando atrás ese mundo. El 31 de julio de 2026, el Banco de Japón mantuvo su tasa overnight alrededor de 1%, el nivel más elevado en décadas. Incluso uno de los integrantes de su junta propuso llevarla a 1.25%.
Y ocurrió algo quizá todavía más importante.
El rendimiento del bono japonés a 10 años alcanzó 3% el 1 de septiembre de 2026, algo que no ocurría desde 1996. (Reuters)
Para un inversionista japonés, 3% en yenes cambia mucho la ecuación.
Ya no compara:
contra:
Ahora puede obtener un rendimiento significativo en su propio país, sin necesariamente asumir riesgo cambiario ni pagar por cubrir ese riesgo.
El dinero no necesita regresar de golpe para transformar los mercados
Éste probablemente sea el punto más importante de todo nuestro artículo.
Para que Japón provoque un cambio en las condiciones financieras mundiales no es necesario que venda todos sus Treasuries. Vamos ni siquiera necesita realizar una gran liquidación.
Puede ser suficiente con que deje de comprar tantos.
Hasta el 22 de agosto de 2026, los inversionistas japoneses habían vendido en términos netos aproximadamente ¥3 billones de deuda extranjera, el mayor retiro acumulado para ese periodo desde 2022. Reuters señala que todavía no se trata de una repatriación masiva, sino de un cambio gradual en la asignación de capital. (Reuters)
En junio, Japón conservaba aproximadamente US$1.117 billones en Treasuries, manteniéndose como el mayor tenedor extranjero de deuda del gobierno estadounidense.
Por eso el riesgo más interesante no sería necesariamente:
Japón vende un billón de dólares en bonos.
Puede ser algo mucho más silencioso:
Japón deja de ser uno de los compradores marginales más constantes.
Y en un mercado donde Estados Unidos, Europa, empresas de tecnología y nuevos proyectos de infraestructura compiten simultáneamente por capital, perder un comprador estructural si importa.
El mecanismo ahora puede comenzar a funcionar al revés
Durante décadas pudo funcionar aproximadamente así:
Ahora la cadena puede invertirse aunque parcialmente:
Ésta sería la verdadera importancia mundial de la normalización monetaria japonesa.
El carry trade también puede comenzar a revertirse
El problema no se limita a los inversionistas japoneses.
También afecta a quienes se financiaron en yenes.
Cuando aumentan las tasas japonesas, pedir prestado en yenes deja de ser tan barato.
Y si además el yen se aprecia, aparece un segundo problema: devolver la deuda japonesa resulta más caro.
Entonces los inversionistas pueden comenzar a cerrar posiciones:
Una apreciación adicional del yen puede obligar a otros participantes a cerrar también sus operaciones.
Eso crea un mecanismo potencialmente autorreforzado y no es solamente teoría.
En agosto de 2024, el cierre de posiciones apalancadas —incluidos carry trades financiados en yenes— amplificó violentamente un episodio de volatilidad mundial. El BIS estimó que una referencia razonable para el tamaño de aquellas posiciones podía rondar ¥40 billones, aproximadamente US$250,000 millones, aunque también advirtió que medir el carry trade con precisión es extremadamente difícil. (Bank for International Settlements)
El episodio terminó rápidamente, pero dejó una advertencia importante.
El BIS concluyó posteriormente que las condiciones financieras fáciles de Japón habían llegado a transmitirse hacia Estados Unidos y que el desmantelamiento parcial del carry trade de 2024 transmitió temporalmente el shock en la dirección contraria. (Bank for International Settlements)
¿Puede Japón encarecer también la revolución de la IA?
Puede contribuir a ello.
No sería correcto atribuirle por sí solo un aumento en el costo de financiar inteligencia artificial. Existen muchos otros factores: inflación, política de la Reserva Federal, déficits públicos, deuda estadounidense, energía, demanda de capital y expectativas sobre la rentabilidad futura de la IA.
Pero aparece una coincidencia histórica interesante.
La IA necesita probablemente una de las mayores movilizaciones de capital privado desde la expansión de Internet.
Al mismo tiempo:
Estados Unidos necesita financiar enormes déficits públicos.
Europa necesita incrementar inversión en defensa, energía e infraestructura.
Los países emergentes necesitan capital.
Las grandes tecnológicas necesitan financiar centros de datos.
Y Japón empieza a ofrecer rendimientos domésticos que no ofrecía desde hace décadas.
Todos compiten por la misma materia prima financiera:
el ahorro.
El verdadero riesgo podría no ser que desaparezca el capital.
Podría ser que su precio aumente.
De una era de abundancia de capital a una era de competencia por el ahorro
Ésta puede ser la transformación más profunda detrás de la historia japonesa.
Durante las últimas décadas, Japón fue uno de varios factores que contribuyeron a un mundo caracterizado por abundantes compradores de bonos, bajos rendimientos y una fuerte demanda de activos financieros internacionales.
Ahora el escenario empieza a cambiar.
Japón sigue siendo extraordinariamente rico y posee enormes cantidades de activos extranjeros. Por ello, pensar en una repatriación total sería poco realista.
Además, una venta mensual de Treasuries no demuestra por sí sola una tendencia estructural. El propio Departamento del Tesoro estadounidense advierte que sus datos de custodia no permiten identificar perfectamente la nacionalidad del propietario final de cada bono. (U.S. Department of the Treasury)
Pero eso no elimina el cambio fundamental.
La alternativa doméstica japonesa volvió a existir.
Y eso no ocurría desde hacía aproximadamente una generación.
El final de una anomalía monetaria
Quizá estemos cometiendo un error al pensar que Japón está entrando en una situación extraordinaria, podría ser exactamente al contrario.
Por qué lo extraordinario fueron las últimas tres décadas.
Un país desarrollado con enorme capacidad de ahorro mantuvo durante años tasas cercanas a cero, después negativas y finalmente una política diseñada para impedir que subieran demasiado los rendimientos de largo plazo.
Esa anomalía tuvo consecuencias que trascendieron a Japón.
Parte del capital japonés ayudó a financiar gobiernos extranjeros. Otra parte se dirigió a empresas y mercados financieros. Y las tasas extraordinariamente bajas del yen permitieron que inversionistas de todo el planeta utilizaran la moneda japonesa para financiar posiciones en otros países.
No podemos afirmar que Japón creó Internet ni que financió directamente la inteligencia artificial.
Pero sí podemos decir algo económicamente más relevante:
Japón ayudó durante décadas a reducir el precio internacional del dinero. Ese entorno favoreció gobiernos, mercados financieros, empresas y activos de crecimiento, incluidas las industrias tecnológicas. Ahora, cuando esas mismas industrias necesitan cantidades extraordinarias de capital para construir la infraestructura de inteligencia artificial, el mecanismo japonés que durante años empujó dinero hacia el resto del mundo empieza a perder fuerza.
La pregunta entonces ya no es solamente cuánto subirá la tasa del Banco de Japón.
La pregunta verdaderamente importante es:
¿qué ocurre con el costo mundial del capital cuando uno de sus mayores proveedores históricos de dinero barato comienza a llevarlo de regreso a casa?
Y quizá sea ahí donde una decisión tomada en Tokio termine apareciendo, años después, en lugares aparentemente muy distantes: en el rendimiento de un Treasury, en el presupuesto de un centro de datos, en el financiamiento de una empresa, en una hipoteca o en el costo de la deuda pública de países que nunca imaginaron que durante décadas una parte de su financiamiento barato comenzaba al otro lado del Pacífico.
Preguntas frecuentes
¿Por qué Japón ha financiado indirectamente a otros países?
Japón combina un enorme volumen de ahorro con décadas de rendimientos domésticos muy bajos. Eso incentivó a bancos, aseguradoras, fondos y otros inversionistas japoneses a adquirir bonos y activos extranjeros, convirtiendo al país en uno de los grandes acreedores internacionales. Al cierre de 2025 su posición internacional neta acreedora ascendía a unos ¥562 billones. (Ministerio de Finanzas de Japón)
¿Qué es el yen carry trade?
Es una estrategia en la que un inversionista obtiene financiamiento en yenes, aprovechando tasas japonesas relativamente bajas, y coloca el dinero en activos denominados en monedas que ofrecen rendimientos superiores. La operación puede ser rentable mientras el diferencial de tasas compense los costos y el yen no se aprecie demasiado. (Bank for International Settlements)
¿Por qué una subida de tasas en Japón puede afectar a Estados Unidos?
Porque Japón sigue siendo el mayor tenedor extranjero de Treasuries, con alrededor de US$1.117 billones en junio de 2026. Si los inversionistas japoneses encuentran mejores rendimientos dentro de su país, pueden reducir sus compras de deuda estadounidense. Menor demanda puede contribuir a elevar los rendimientos que Estados Unidos debe ofrecer.
¿Japón financió el desarrollo de Internet?
No de manera directa. La revolución de Internet fue financiada principalmente por mercados estadounidenses de acciones, capital de riesgo, empresas y otros inversionistas. Sin embargo, el ahorro japonés formó parte de los grandes flujos internacionales hacia los mercados estadounidenses durante los años noventa y contribuyó al entorno internacional de abundante liquidez y menores rendimientos. (IMF)
¿Puede Japón encarecer las inversiones en inteligencia artificial?
Puede ser uno de los factores. La infraestructura de IA exige cantidades extraordinarias de capital y las grandes tecnológicas están utilizando crecientemente mercados de bonos para financiarla. Si Japón reduce su demanda de activos extranjeros, puede aumentar la competencia mundial por el ahorro y contribuir a elevar el costo del capital. (Reuters)
¿Significa esto que habrá una venta masiva de bonos estadounidenses?
No necesariamente. Hasta ahora la evidencia apunta más a una reasignación gradual que a una retirada desordenada. El riesgo más importante podría ser que los inversionistas japoneses simplemente reduzcan sus nuevas compras internacionales a medida que los bonos japoneses se vuelvan más atractivos. (Reuters)


