
Una familia mexicana o de cualquier pais en Latinoamérica puede encontrarse a más de 13,000 kilómetros del estrecho de Ormuz. Sin embargo, un ataque contra un buque petrolero en esa región puede terminar afectando cuánto paga por llenar el tanque, transportar mercancías, comprar alimentos, tomar un vuelo o contratar un crédito.
El misil nunca llega a nuestro país, pero su costo económico sí.
Esto sucede porque el petróleo no solamente mueve automóviles. También mueve camiones, barcos, aviones, tractores y maquinaria agrícola. Además, interviene directa o indirectamente en la producción de fertilizantes, plásticos, empaques y una enorme cantidad de bienes que utilizamos todos los días.
Por eso, el estrecho de Ormuz no es solamente un punto de interés geopolítico o financiero. También puede convertirse en una puerta de entrada de inflación hacia millones de hogares.
¿Por qué es tan importante el estrecho de Ormuz?
Ormuz es un paso marítimo estrecho que conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y posteriormente con el océano Índico. Por esta ruta salen buena parte de las exportaciones petroleras de Arabia Saudita, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Catar e Irán.
Antes del conflicto actual transitaban por esta vía alrededor de 21.6 millones de barriles diarios de petróleo y otros líquidos. Durante el segundo trimestre de 2026, el flujo cayó a aproximadamente 4.9 millones de barriles diarios. La interrupción fue tan fuerte que obligó a productores y navieras a buscar rutas alternativas más largas, costosas y limitadas.
La tensión regresó con fuerza durante julio: el precio del Brent pasó de 69 dólares por barril el 2 de julio a tocar 105 dólares el día 23. La Administración de Información Energética de Estados Unidos calcula que el Brent promediará alrededor de 85 dólares durante el tercer trimestre de 2026, aunque esto dependerá de la normalización del tráfico marítimo y de la recuperación de la producción. EIA: perspectivas del mercado petrolero mundial
La relevancia de Ormuz no se limita al petróleo. Cerca de una quinta parte del comercio mundial de gas natural licuado también ha pasado tradicionalmente por este estrecho, principalmente por las exportaciones de Catar. EIA: puntos críticos del transporte mundial de petróleo
Primera escala: gasolina y diésel
Cuando disminuye la disponibilidad de petróleo, los compradores compiten por una oferta menor y el precio internacional sube. Después, las refinerías transforman el crudo en gasolina, diésel, turbosina y otros combustibles.
El aumento no siempre aparece inmediatamente en las estaciones de servicio. Las empresas pueden tener inventarios, contratos de suministro o coberturas financieras. Los gobiernos también pueden reducir temporalmente impuestos o conceder estímulos fiscales para evitar que el incremento internacional llegue completo al consumidor.
Eso precisamente ha ocurrido en México mediante los estímulos al IEPS aplicable a las gasolinas y al diésel. En agosto, Hacienda continuó utilizando este mecanismo para amortiguar parte de la presión internacional. Diario Oficial de la Federación: estímulos fiscales a combustibles
Sin embargo, el precio no desaparece: solamente cambia quién lo paga.
Si el gobierno reduce un impuesto o subsidia el combustible, protege temporalmente al consumidor, pero recibe menos ingresos públicos. En algún momento, ese costo puede reflejarse en mayor déficit, deuda o menores recursos disponibles para otros programas.
México produce y exporta petróleo, pero eso no significa que se encuentre aislado del mercado internacional. El país también importa combustibles refinados y los precios internos dependen de las referencias internacionales, del tipo de cambio, de los costos de refinación, transporte, almacenamiento, impuestos y márgenes comerciales.
Segunda escala: el transporte
El siguiente eslabón aparece en los camiones que trasladan alimentos, medicamentos, ropa y mercancías.
Una empresa de transporte difícilmente puede absorber indefinidamente un aumento considerable en el precio del diésel. Primero sacrifica una parte de su margen y después intenta trasladar el costo a sus clientes. Los productores, distribuidores y comercios hacen algo parecido.
Imaginemos, solamente como ejemplo, que el combustible representa 30% de los costos de una empresa de transporte y que el diésel aumenta 20%. Si todo lo demás permaneciera igual, el costo total de esa empresa podría elevarse alrededor de 6%.
El efecto parece pequeño hasta recordar que un producto puede viajar varias veces: de la granja al centro de almacenamiento, de ahí a la planta procesadora, posteriormente al centro de distribución y finalmente al supermercado.
En cada recorrido se acumula una parte del incremento.
También aumentan los costos marítimos. Las navieras deben pagar seguros más caros por atravesar zonas de riesgo o utilizar trayectos alternativos que consumen más combustible y tiempo. Incluso los productos que no tienen ninguna relación directa con el petróleo pueden encarecerse simplemente porque deben ser transportados.
Tercera escala: los alimentos
La relación entre petróleo y alimentos va mucho más allá del camión que llega al supermercado.
La agricultura necesita combustible para tractores, bombas de riego, cosechadoras y transporte. También utiliza fertilizantes cuya producción depende considerablemente del gas natural. Si suben el petróleo y el gas, se elevan tanto el costo de cultivar como el costo de mover la cosecha.
Durante los primeros cinco meses de 2026, los precios internacionales de los fertilizantes aumentaron alrededor de 35% respecto del mismo periodo del año anterior. El Banco Mundial proyectó un incremento de 31% para el conjunto del año y un aumento cercano a 60% en la urea. Banco Mundial: actualización sobre seguridad alimentaria y perspectivas de materias primas de 2026
El efecto sobre los alimentos puede tardar meses. Un agricultor puede reducir la cantidad de fertilizante utilizado durante la siembra para contener sus costos. La consecuencia aparecerá posteriormente, cuando obtenga una cosecha menor y disminuya la oferta disponible.
Esto explica por qué una interrupción petrolera de corta duración puede dejar efectos más prolongados en la producción de alimentos.
Cuarta escala: los vuelos
Las aerolíneas son especialmente sensibles a las variaciones del petróleo porque utilizan turbosina y no pueden sustituirla fácilmente en el corto plazo.
La Asociación Internacional de Transporte Aéreo estima que el combustible representará 31.4% de los gastos operativos de las aerolíneas durante 2026, frente a 25.4% en 2025. Su factura mundial de combustible podría aumentar de 252,000 millones a 350,000 millones de dólares. IATA: impacto del conflicto y de la turbosina
Las aerolíneas pueden cubrir una parte del riesgo mediante contratos financieros, pero estas coberturas solamente retrasan o suavizan el impacto. Si los precios permanecen elevados, aparecen tarifas más altas, cargos adicionales, reducción de rutas o menor disponibilidad de vuelos económicos.
También se encarece la carga aérea, lo que afecta productos perecederos, medicamentos, componentes electrónicos y mercancías que requieren entrega rápida.
Quinta escala: la inflación y las tasas de interés
El primer aumento del petróleo es un cambio en el precio de un producto. El verdadero problema comienza cuando ese incremento se propaga hacia el resto de la economía.
El transportista aumenta sus tarifas. El productor ajusta sus precios. Los trabajadores piden mayores salarios para recuperar el poder adquisitivo perdido. Las empresas vuelven a subir precios para compensar el incremento salarial. Así pueden aparecer los llamados efectos de segundo orden.
Un banco central no puede producir petróleo, fertilizantes o trigo. Elevar la tasa de interés tampoco hace que un buque atraviese el estrecho de Ormuz. Lo que sí puede hacer es tratar de impedir que el choque temporal se transforme en inflación persistente.
Por eso, frente a una perturbación energética, los bancos centrales pueden detener sus recortes, mantener las tasas elevadas durante más tiempo o incluso aumentarlas si las expectativas de inflación comienzan a deteriorarse.
Para las familias, esto significa créditos nuevos más costosos, intereses elevados en tarjetas y financiamiento automotriz, menor actividad económica y posiblemente menos oportunidades de empleo.
En México, la inflación anual fue de 3.12% en julio de 2026 y los energéticos todavía mostraban una variación anual relativamente moderada de 1.16%. Esto indica que el nuevo episodio petrolero aún no se había transmitido completamente a los consumidores y que los estímulos, inventarios, la debilidad de la demanda y el comportamiento del peso habían ayudado a contenerlo. INEGI: inflación de julio de 2026
Sin embargo, Banco de México decidió mantener su tasa de referencia en 6.50% el 6 de agosto. Entre los riesgos al alza señaló expresamente un posible impacto inflacionario de los conflictos geopolíticos y una prolongación de las tensiones internacionales. También retrasó hasta el cuarto trimestre de 2027 la convergencia esperada de la inflación hacia 3%. Banco de México: decisión del 6 de agosto de 2026
La última escala de la guerra, por lo tanto, puede no encontrarse en la gasolinera, sino en el estado de cuenta de una tarjeta o en el costo de un nuevo crédito.
Tres guerras, tres mecanismos diferentes
La historia demuestra que los conflictos no afectan a las familias de la misma manera.
| Episodio | Principal mecanismo económico | Lección para los hogares |
|---|---|---|
| Vietnam | Gasto público, desequilibrios fiscales, política monetaria expansiva y presión sobre el sistema de Bretton Woods | Una guerra también puede generar inflación aunque no interrumpa directamente el petróleo |
| Irak | Pérdida de producción, incertidumbre y prima de riesgo sobre el petróleo | Los precios pueden subir antes de que ocurra la escasez y bajar cuando disminuye el temor |
| Ucrania | Interrupción simultánea de energía, trigo, aceites, fertilizantes y rutas comerciales | Cuando varios mercados se afectan al mismo tiempo, el golpe llega rápidamente a alimentos y poder adquisitivo |
| Ormuz, 2026 | Concentración de petróleo y gas en un paso marítimo difícil de sustituir | Una interrupción localizada puede propagarse hacia combustibles, transporte, alimentos, vuelos e intereses |
Vietnam: una inflación financiada desde lejos
La guerra de Vietnam no produjo una gran interrupción petrolera como la actual. Su impacto fue principalmente fiscal y monetario.
Estados Unidos aumentó el gasto militar al mismo tiempo que financiaba programas sociales internos, sin elevar los impuestos lo suficiente para compensarlo. La situación fiscal se deterioró y la política monetaria permaneció demasiado expansiva.
La inflación estadounidense, que se encontraba ligeramente por encima de 1% en 1964, comenzó a subir desde mediados de la década. Estos desequilibrios también debilitaron la confianza en el dólar y contribuyeron al colapso del sistema de Bretton Woods en 1971.
No sería correcto afirmar que Vietnam fue la única causa de la gran inflación de los años setenta. También influyeron los errores de política monetaria, la devaluación del dólar, las malas cosechas y el choque petrolero de 1973. Pero la guerra ayudó a crear el terreno sobre el cual estos problemas se acumularon. Federal Reserve History: la gran inflación
Irak: el precio del miedo
Las guerras relacionadas con Irak ofrecen dos ejemplos.
Cuando Irak invadió Kuwait en 1990, ambos países perdieron aproximadamente 4.3 millones de barriles diarios de producción. Fue una interrupción física considerable que provocó un aumento inmediato del petróleo.
En 2003, antes de la invasión estadounidense, el WTI llegó a promediar cerca de 36 dólares por barril debido al temor de una guerra. Sin embargo, después de comenzar las operaciones militares y disiparse parte de la incertidumbre, el precio retrocedió más de siete dólares desde su máximo de febrero. EIA: perspectivas energéticas de marzo de 2003 y mayo de 2003
La lección es importante: los hogares pueden comenzar a pagar el costo de una guerra antes de que se interrumpa físicamente el suministro. Los mercados incorporan expectativas, temor y riesgo.
Ucrania: energía y alimentos al mismo tiempo
La invasión rusa de Ucrania en 2022 afectó simultáneamente gas natural, petróleo, trigo, maíz, aceite de girasol y fertilizantes.
Rusia y Ucrania representaban alrededor de 29% de las exportaciones mundiales de trigo y 62% de las de aceite de girasol. En marzo de 2022, el índice mundial de precios de los alimentos de la FAO aumentó 12.6% en un solo mes y se ubicó 33.6% por encima del nivel de un año antes. FAO: impacto del conflicto sobre la seguridad alimentaria
El Banco Mundial estimó entonces que los precios de la energía aumentarían más de 50% durante 2022 y que las materias primas no energéticas subirían cerca de 20%. Banco Mundial: choque de alimentos y energía de 2022
A diferencia de Irak, no fue solamente un choque petrolero. Fue una perturbación simultánea en varios productos esenciales, precisamente cuando el mundo todavía enfrentaba problemas logísticos e inflación acumulada por la pandemia.
¿Quién termina pagando más?
El impacto no es igual para todas las familias.
De acuerdo con la ENIGH 2024, los hogares mexicanos destinaron 37.7% de su gasto corriente monetario a alimentos, bebidas y tabaco, y 19.5% al conjunto de transporte, vehículos y comunicaciones. INEGI: resultados de la ENIGH 2024
Los hogares de menores ingresos son especialmente vulnerables porque destinan una mayor proporción de sus recursos a comida, energía y transporte. No pueden reducir fácilmente estos gastos y cuentan con menos ahorro para absorber incrementos inesperados.
Una familia de ingresos altos puede posponer un viaje o reducir el consumo de ciertos servicios. Una familia de bajos ingresos quizá tenga que sustituir alimentos, utilizar crédito o dejar de pagar otra obligación.
Por eso la inflación provocada por una guerra funciona, en la práctica, como un impuesto desigual.
Una guerra lejana nunca es completamente lejana
La principal enseñanza económica del estrecho de Ormuz es que la distancia geográfica ya no garantiza protección.
Las cadenas de suministro conectan un ataque contra un buque en Medio Oriente con un camión en México, una parcela agrícola, un boleto de avión y una decisión de Banco de México.
El petróleo sube, el transporte se encarece, los fertilizantes presionan los alimentos, las empresas trasladan costos, la inflación tarda más en disminuir y las tasas permanecen elevadas.
No todos estos efectos aparecen al mismo tiempo ni con la misma intensidad. Los inventarios, subsidios, contratos, tipos de cambio y decisiones empresariales pueden retrasarlos. Pero mientras más profunda y prolongada sea la interrupción, más difícil será evitar que llegue al consumidor.
Al final, la geopolítica también se mide frente a la caja del supermercado, en la estación de gasolina y en el estado de cuenta familiar.


