
Cuando el oro y bitcoin aumentan simultáneamente, suele aparecer una explicación inmediata: los inversionistas están perdiendo confianza en el dinero tradicional. La afirmación si contiene algo de verdad, pero se queda corta, es insuficiente.
Para comprender el fenómeno debemos preguntarnos no solamente cuánto dinero existe, sino cómo se crea, mediante qué instituciones circula y qué papel desempeña el crédito. La economía contemporánea no funciona principalmente con billetes que cambian de manos, sino mediante préstamos, depósitos bancarios, bonos y promesas de pago.
Esta diferencia permite conectar la teoría monetaria con el crecimiento de la deuda, las burbujas financieras y las crisis recurrentes.
¿Qué convierte a algo en dinero?
La teoría monetaria atribuye al dinero cuatro funciones principales:
- Medio de intercambio.
- Unidad de cuenta.
- Depósito de valor.
- Medio para realizar pagos futuros.
Una moneda funciona correctamente cuando permite comprar bienes y servicios, expresar precios, conservar razonablemente el poder adquisitivo y liquidar deudas.
Las monedas fiduciarias —como el peso, el dólar o el euro— cumplen ampliamente las dos primeras. Son utilizadas para fijar precios, pagar impuestos, liquidar deudas y realizar operaciones cotidianas.
Su capacidad para conservar valor depende de la inflación, las tasas de interés y la confianza en las instituciones que las emiten. No están respaldadas por una cantidad fija de oro, pero tampoco puede afirmarse que carezcan de respaldo: detrás de ellas se encuentran la capacidad tributaria del Estado, la producción de la economía, el sistema jurídico y la credibilidad del banco central.
El Fondo Monetario Internacional explica que el valor del dinero depende, en buena medida, de la confianza en que será aceptado por otras personas y conservará razonablemente su poder adquisitivo.
El dinero fiduciario no está respaldado por “nada”
Es común escuchar que las monedas actuales no tienen respaldo porque dejaron de ser convertibles en oro. La afirmación es incompleta.
El dinero fiduciario no está respaldado por una cantidad determinada de metal, pero sí depende de una estructura institucional: la capacidad del Estado para cobrar impuestos, la productividad de la economía, el sistema financiero, el marco jurídico y la credibilidad del banco central.
Los impuestos crean una demanda permanente por la moneda nacional. Las empresas aceptan pesos porque pueden utilizarlos para pagar salarios, impuestos y proveedores; los trabajadores los reciben porque saben que otras personas también los aceptarán.
Por tanto, el valor del dinero no depende únicamente de su escasez. También depende de la confianza en que seguirá siendo aceptado y conservará una proporción razonable de su poder adquisitivo.
Cuando esa confianza se debilita, las personas buscan otros depósitos de valor: divisas extranjeras, bienes raíces, oro o, más recientemente el bitcoin.
La teoría cuantitativa: una gran explicación que se quedó corta
Una de las expresiones más conocidas de la teoría monetaria es:
MV = PY
Donde:
- M representa la cantidad de dinero.
- V es la velocidad con la que circula.
- P corresponde al nivel general de precios.
- Y representa la producción real.
En su interpretación más sencilla, si la cantidad de dinero aumenta persistentemente más rápido que la producción, y la velocidad se mantiene relativamente estable, el resultado será un aumento del nivel de precios.
De ahí proviene la idea de que una expansión monetaria excesiva reduce el poder adquisitivo de la moneda.
Esta relación ayudó a explicar buena parte de la experiencia monetaria de siglos anteriores: desde la llegada de metales preciosos a Europa hasta episodios de emisión excesiva, pérdida de poder adquisitivo e hiperinflación.
La Reserva Federal reconoce que, en el largo plazo y bajo determinadas condiciones, existe una relación fundamental entre el crecimiento monetario y la inflación. Reserva Federal.
Pero esto no significa que cada peso o dólar creado se convierta inmediatamente en inflación. También importan la demanda de dinero, la velocidad de circulación, el crédito, las expectativas y la capacidad productiva.
Después de una crisis, por ejemplo, los bancos pueden acumular reservas y las familias pueden aumentar su ahorro. En ese caso, una expansión de la base monetaria no necesariamente se transmite de inmediato al consumo. Parte de la liquidez también puede dirigirse hacia acciones, bonos, bienes raíces, oro o activos digitales antes de reflejarse plenamente en los precios cotidianos.
Sin embargo, conviene introducir una precisión académica. La ecuación MV = PY no exige literalmente que todas las operaciones se paguen con efectivo: la definición de M puede incluir depósitos bancarios. La limitación aparece cuando se interpreta como si existiera una cantidad de dinero determinada desde fuera del sistema que simplemente circula y compra una producción ya existente.
Esa representación funciona razonablemente bien para una economía dominada por transacciones de contado. Pero la economía real es, principalmente, una economía de crédito.
Familias, empresas y gobiernos compran viviendas, maquinaria, infraestructura y activos financieros mediante promesas de pago. En la economía moderna, la mayor parte del dinero utilizado por hogares y empresas está constituida por depósitos bancarios. Cuando un banco concede un préstamo, normalmente crea de manera simultánea un depósito en la cuenta del acreditado. Es decir, el crédito puede crear nuevo dinero dentro del propio sistema económico, como explica el Banco de Inglaterra.
Por eso, la cantidad de dinero no siempre es una variable completamente independiente. También responde a la demanda de crédito, las decisiones bancarias, las tasas de interés, el valor de las garantías y las expectativas sobre el futuro.
Wicksell: del dinero disponible al precio del crédito
Knut Wicksell fue uno de los economistas que mejor comprendió esta transformación. Su aportación principal consistió en desplazar la atención desde la cantidad de dinero hacia el precio del crédito.
Wicksell distinguió entre dos tasas:
- La tasa natural de interés, relacionada con el rendimiento esperado del capital y de las inversiones productivas.
- La tasa monetaria o bancaria, que es la tasa a la que efectivamente prestan los bancos.
Si la tasa bancaria se encuentra por debajo de la tasa natural, resulta atractivo solicitar crédito, invertir y comprar activos. Los bancos crean depósitos al prestar; el gasto aumenta; los precios pueden subir; y las utilidades inicialmente favorables refuerzan el optimismo. Así comienza lo que Wicksell llamó un proceso acumulativo.
En sentido contrario, si la tasa bancaria supera la rentabilidad esperada de la inversión, disminuye la demanda de crédito, se debilita la actividad económica y aparecen presiones a la baja sobre los precios.
Su contribución no consistió en desechar completamente la teoría cuantitativa, sino en explicar el mecanismo que faltaba: cómo las decisiones de crédito y las diferencias entre tasas pueden modificar la demanda, los precios y la actividad incluso en una economía casi sin efectivo. Su análisis de una economía de “crédito puro” es considerado un antecedente fundamental de la macroeconomía monetaria moderna. Cambridge University Press.
Wicksell terminó influyendo profundamente en el pensamiento económico. Sin embargo, su difusión internacional —especialmente en el mundo anglosajón— fue lenta porque una parte importante de su obra apareció originalmente en sueco y alemán. Su libro de 1898, publicado en alemán, fue traducido al inglés como Interest and Prices hasta 1936. Esa barrera lingüística retrasó el reconocimiento amplio de una teoría que hoy resulta central para entender la política monetaria. Obra de Wicksell y Routledge Revivals.
De Wicksell a Minsky: por qué la deuda puede producir crisis
Wicksell explicó cómo una tasa de crédito demasiado baja respecto de la rentabilidad esperada puede iniciar una expansión acumulativa. Décadas después, Hyman Minsky estudió cómo ese proceso transforma gradualmente las estructuras financieras.
Durante una etapa prolongada de estabilidad, los prestatarios, bancos e inversionistas tienden a confiar más en el futuro. Aumentan el endeudamiento, reducen sus márgenes de seguridad y aceptan proyectos que solamente funcionan si los ingresos continúan creciendo o si los activos siguen aumentando de precio.
Minsky distinguió tres posiciones financieras:
- Cobertura: los ingresos permiten pagar intereses y capital.
- Especulativa: los ingresos alcanzan para los intereses, pero la deuda debe refinanciarse.
- Ponzi: los ingresos no cubren siquiera todos los intereses; la posición depende de conseguir más crédito o de que el activo continúe apreciándose.
El problema no es el crédito en sí. El financiamiento permite construir viviendas, ampliar empresas, desarrollar tecnología y ejecutar infraestructura. La fragilidad aparece cuando la deuda crece más rápido que la capacidad para generar ingresos.
De acuerdo con la hipótesis de inestabilidad financiera de Minsky, los periodos prolongados de prosperidad pueden llevar a la economía desde estructuras prudentes hacia posiciones especulativas y Ponzi. La estabilidad aparente modifica la conducta y termina sembrando las condiciones de la siguiente crisis.
Cuando suben las tasas, disminuyen los ingresos o cae el valor de las garantías, el proceso acumulativo puede revertirse:
Menor crédito → ventas forzadas → caída de activos → deterioro de garantías → nuevas restricciones crediticias → más incumplimientos.
Así se entiende por qué las crisis no siempre necesitan un gran acontecimiento externo. Pueden originarse dentro del propio sistema financiero, a partir del endeudamiento, la refinanciación y las expectativas.
Deuda pública, monedas y crisis nacionales
Esta lógica también se aplica a los gobiernos. Un país puede sostener una deuda elevada mientras el crecimiento, la recaudación y la confianza permitan refinanciarla a tasas razonables. El mercado no observa solamente cuánto dinero crea un banco central. También evalúa si el gobierno puede financiar su deuda sin presionar a la autoridad monetaria.
Cuando la deuda y sus intereses aumentan, aparece una tensión: combatir la inflación puede requerir tasas elevadas, pero esas mismas tasas encarecen el servicio de la deuda pública. Si los inversionistas comienzan a pensar que el banco central mantendrá tasas artificialmente bajas para facilitar el financiamiento gubernamental, pueden anticipar mayor inflación, rendimientos reales inferiores o depreciación cambiaria.
A esta situación se le conoce como dominancia fiscal: la política monetaria termina subordinada, directa o indirectamente, a las necesidades financieras del gobierno.
Si el gobierno debe destinar más ingresos al servicio de la deuda; los inversionistas exigen una prima adicional; la moneda se debilita; y la carga financiera puede aumentar nuevamente.
Se forma otro proceso acumulativo, pero en dirección adversa.
Por eso, la vulnerabilidad monetaria de un país no depende únicamente de cuánto dinero imprime su banco central. También importan el tamaño y la composición de la deuda, su moneda de denominación, los plazos de vencimiento, la fortaleza bancaria y la credibilidad fiscal.
Oro y bitcoin ante una economía de crédito
Desde esta perspectiva, el avance conjunto del oro y bitcoin puede expresar algo más profundo que un simple temor a la inflación.
Los inversionistas pueden estar buscando activos percibidos como escasos y externos a la expansión del crédito tradicional. Les preocupa no solamente cuánto dinero existe, sino cuánto endeudamiento respalda el precio de los activos, cuánto costará refinanciarlo y si las autoridades terminarán utilizando tasas bajas, expansión monetaria o inflación para reducir su peso real.
El oro tiene una historia monetaria de miles de años, no depende de una red informática y no constituye el pasivo de una empresa o gobierno. Los bancos centrales todavía lo mantienen como activo de reserva y diversificación. El Banco Central Europeo destaca que su demanda puede aumentar durante periodos de incertidumbre geopolítica, financiera o monetaria.
Bitcoin ofrece una propuesta diferente. Su emisión está programada y su oferta máxima está limitada a 21 millones de unidades, según las reglas actuales del protocolo. Bitcoin.org. No depende directamente de la política fiscal de un país, pero sí depende de la tecnología, la seguridad de la red, la regulación y la disposición de otras personas a utilizarlo o adquirirlo, en otras palabras no estan “libre” como sus pregoneros afirman.
Ambos comparten una narrativa de escasez, pero sus riesgos son distintos. El oro suele presentar menor volatilidad y una historia institucional más extensa. Bitcoin puede ofrecer portabilidad y verificabilidad digital, pero registra fluctuaciones mucho mayores y todavía no funciona de manera generalizada como unidad de cuenta o medio cotidiano de pago.
¿Qué significa para el ahorro familiar?
La principal lección no es que las personas deban abandonar el dinero tradicional ni comprar automáticamente oro o bitcoin.
La lección es comprender que el ahorro vive dentro de una economía de crédito. Antes de elegir un activo conviene observar:
- La inflación esperada y la tasa real.
- El nivel de endeudamiento personal.
- La capacidad para resistir caídas.
- El plazo durante el cual se puede mantener la inversión.
- La necesidad de liquidez.
- La diversificación entre monedas, instrumentos y riesgos.
Un activo escaso no necesariamente es un activo barato. Tampoco protege en todo momento ni frente a cualquier crisis.
Nuestra Conclusión
La teoría cuantitativa nos enseñó que el dinero no puede crecer indefinidamente por encima de la producción sin consecuencias. Wicksell añadió que, en una economía de crédito, debemos observar la relación entre la tasa bancaria y la rentabilidad del capital. Minsky completó la advertencia al mostrar cómo la estabilidad puede impulsar endeudamiento, especulación y fragilidad.
Esta secuencia ofrece una explicación más completa:
Dinero, crédito y tasas modifican las decisiones; las decisiones transforman los balances; y los balances pueden convertir el crecimiento en crisis.
El ascenso simultáneo del oro y bitcoin puede reflejar una búsqueda de escasez frente a la expansión monetaria, pero también una preocupación por la sostenibilidad de la deuda y por la arquitectura completa del sistema financiero.
La pregunta importante no es simplemente si habrá más dinero. Es si la economía podrá generar los ingresos necesarios para sostener todas las promesas de pago que ha creado.
Víctor Manuel Soto
FiMun | Finanzas Mundiales
Este contenido tiene fines exclusivamente informativos y educativos. No constituye una recomendación ni asesoría de inversión.
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