La Batalla Silenciosa: La Lucha Histórica entre Mercantilistas y Clásicos Moldea la Política de Trump.
Mercantilistas y Clásicos: La Lucha por el Alma de la Política Monetaria
La historia de la teoría y la política monetaria es un ciclo repetitivo de ideas antiguas que resurgen con un nuevo ropaje, a menudo presentadas como novedades. Esta dinámica se manifiesta en una batalla intelectual entre dos visiones opuestas: la mercantilista y la clásica. Esta confrontación, que se remonta a la era preclásica (1550-1770), ha definido los debates económicos más importantes, como la Revolución Keynesiana y la contrarrevolución monetarista. En la actualidad, esta misma lucha se refleja en el tira y afloja entre el presidente Donald Trump y la Reserva Federal de Estados Unidos (la Fed) sobre la política de tipos de interés.
Mercantilistas vs. Clásicos: Una Confrontación de Ideologías
La esencia de esta batalla se resume en tres temas centrales:
- Teoría Cuantitativa del Dinero: Los economistas clásicos, como David Hume y David Ricardo, son teóricos cuantitativos que sostienen que el nivel de precios está directamente relacionado con la cantidad de dinero en circulación. Para ellos, la inflación es siempre un fenómeno monetario. En contraste, los mercantilistas y sus herederos, los keynesianos, son teóricos anti-cuantitativos. Argumentan que el nivel de precios se determina por fuerzas reales como los costos de producción y los salarios, y no por la cantidad de dinero.
- Reglas vs. Discreción: Los clásicos prefieren las reglas fijas para la política monetaria, como el patrón oro, o la emisión controlada del dinero, para garantizar la estabilidad del valor del dinero. Temen que las autoridades, si se les da discreción, implementen políticas inflacionarias. Los mercantilistas, por el contrario, favorecen la discreción y la intervención activa para ajustar la economía según las circunstancias cambiantes.
- Neutralidad del Dinero: Para los clásicos, el dinero es neutral a largo plazo, lo que significa que los cambios en la oferta monetaria afectan solo a los precios, no a la producción o al empleo. Hume fue uno de los primeros en establecer esta distinción, señalando que los estímulos monetarios solo tienen efectos transitorios sobre la actividad real. Los mercantilistas, sin embargo, creen que el dinero puede influir de forma permanente en la producción y el empleo, especialmente en economías deprimidas con recursos ociosos.
La Postura de Donald Trump: Un Enfoque Mercantilista
El presidente Donald Trump, en su constante presión para que la Reserva Federal baje los tipos de interés, se alinea firmemente con la ideología mercantilista.
- Tasas de Interés y Crecimiento: Trump ha argumentado que los bajos tipos de interés son necesarios para estimular el crecimiento económico y que la Fed, al mantener las “tasas altas”, (posición ridicula si están al 4%) está frenando la economía de Estados Unidos. Esta creencia resuena con la doctrina mercantilista de John Law, quien argumentaba que una escasez de dinero impedía el comercio y que el dinero abundante y barato (tipos de interés bajos) era esencial para estimular la actividad económica. John Law consideraba las tasas de interés como una variable puramente monetaria que reflejaba la abundancia o escasez de dinero.
- Balanza Comercial: Otro pilar de la política de Trump, su insistencia en lograr una balanza comercial permanentemente favorable a Estados Unidos, es una idea central del mercantilismo. Los mercantilistas abogaban por políticas proteccionistas (como aranceles a las importaciones) para acumular metales preciosos (o moneda) a través de superávits comerciales. Ellos creían que esta acumulación de dinero era la fuente de la riqueza y el poder de una nación. La constante queja de Trump sobre los déficits comerciales de Estados Unidos refleja directamente este punto de vista histórico.
- Críticas de los Clásicos: Los clásicos, en particular David Hume, se opusieron a esta idea mercantilista. Hume, con su mecanismo de flujo de precios y especies, demostró que un superávit comercial permanente es imposible. Un país con una balanza comercial favorable acumularía oro, lo que elevaría sus precios internos. Estos precios más altos harían que sus exportaciones fueran menos competitivas y sus importaciones más atractivas, revirtiendo el superávit y provocando una salida de oro. Por lo tanto, el dinero y los precios se autorregulan, lo que hace que los intentos de mantener un superávit comercial constante sean inútiles.
La Crítica Clásica a la Postura de Trump
Los economistas clásicos, y sus herederos monetaristas, se opondrían a la postura de Trump con los siguientes argumentos:
- La Tasa de Interés es un Fenómeno Real, No Monetario: A diferencia de la creencia mercantilista de que la tasa de interés es puramente monetaria, los clásicos, como Henry Thornton y David Ricardo, argumentaban que la tasa de interés natural es una magnitud real determinada por la productividad y el ahorro. Una inyección monetaria puede deprimir temporalmente la tasa de interés, pero el aumento de precios que genera incrementa la demanda de préstamos, lo que eventualmente la devuelve a su nivel natural. Brunner y Meltzer, monetaristas modernos, también criticaron esta idea keynesiana (y mercantilista) de que los tipos de interés miden la rigidez o facilidad monetaria, señalando que un tipo bajo puede reflejar una débil demanda de préstamos, no una política monetaria laxa.
- Reglas sobre Discreción: Los monetaristas como Milton Friedman han defendido firmemente las reglas para la política monetaria. Friedman argumentó que los rezagos largos y variables en la política monetaria hacen que la intervención discrecional sea desestabilizadora. En este sentido, la presión de Trump sobre la Fed para bajar los tipos de forma discrecional sería vista como una política procíclica que podría empeorar la economía en lugar de ayudarla.
- La Balanza Comercial no es la Riqueza: Los clásicos, liderados por Adam Smith, rechazaron la idea mercantilista de que la riqueza de una nación reside en los metales preciosos. Para Smith, la verdadera riqueza son los recursos productivos y la eficiencia con la que se utilizan. La insistencia en los superávits comerciales, por lo tanto, es una concepción errónea de lo que realmente impulsa la prosperidad.
Como resumen, tenemos qué la batalla intelectual entre los herederos de los mercantilistas y los clásicos sigue vigente. La postura de Donald Trump refleja un resurgimiento de las ideas mercantilistas, mientras que la postura de la Reserva Federal, centrada en la estabilidad de precios y la independencia, se alinea hoy, con la tradición clásica. Esta dinámica subraya la resiliencia de estos debates históricos, que continúan dando forma a la política económica en el siglo XXI.
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