Fábrica moderna en México atrapada por engranajes oxidados: metáfora de trabas, monopolios e ideologías rígidas que frenan la creación de empresas y mantienen salarios bajos.
En el debate económico actual de México, solemos centrarnos en el cuánto: ¿Cuánto debe subir el salario mínimo? ¿Cuánto debe gastar el gobierno en programas sociales? Sin embargo, hemos ignorado la pregunta más crítica: ¿Por qué el trabajo en México vale tan poco? La respuesta no se encuentra solo en las leyes laborales, sino en una ley mucho más profunda y persistente: la escasez de empleadores.
El Axioma de la Escasez
Es una lógica simple que hemos olvidado: cuando hay cien trabajadores buscando empleo y solo dos empresas contratando, el empleador tiene todo el poder. El salario tiende al nivel de subsistencia porque el trabajo es abundante y el empleo es un recurso escaso.
Por el contrario, si tuviéramos 20 empresas compitiendo por esos mismos cien trabajadores, el poder cambiaría de manos. Las empresas se verían obligadas a “seducir” al talento del trabajador con mejores sueldos y capacitación para evitar que se vayan con la competencia. En este escenario, el salario sube no por decreto, sino por la fuerza de la competencia.
El “Malo del Cuento”: La Ideología como Freno Económico
¿Por qué si la solución es crear más empresas, México parece empeñado en ponerles obstáculos? Aquí es donde nos encontramos con la “ideología del rencor”. Durante generaciones, desde los gobiernos post-revolucionarios hasta la narrativa actual de Morena, se ha construido la imagen del empresario como el antagonista nacional.
Ideología y Narrativa en México, en México y gran parte de Latinoamérica, la figura del empresario no ha sido vista como un motor de progreso, sino como un “mal necesario” o, peor aún, como un explotador por naturaleza. Esta percepción no es accidental; es el resultado de una construcción ideológica de décadas. Tras la Revolución Mexicana, el sistema político (encabezado por el PRI durante décadas) construyó una narrativa donde el Estado era el único benefactor legítimo del pueblo.
- En este esquema, el empresario era pintado como el heredero de los hacendados porfiristas.
- El cine de oro mexicano y los libros de texto gratuitos reforzaron la imagen del “rico malvado” frente al “pobre honrado”, creando un sesgo cultural que asocia la acumulación de riqueza con la corrupción o el robo.
La Herencia de Morena: “La Mafia del Poder”. El gobierno actual ha revitalizado esta narrativa bajo conceptos como la “mafia del poder” o los “aspiracionistas”. Al polarizar la sociedad entre “el pueblo” y “las élites”, se estigmatiza el éxito empresarial –sobre todo cuando vemos que mucho de este “éxito” también es producto de las palancas políticas–; y ahora bien, la narrativa del “empresario rapaz” es políticamente útil: si el empresario es el malo, el político entonces se presenta como el héroe que “protege” al ciudadano de la voracidad empresarial.
Esta retórica es políticamente útil para el control social, pero ha sembrado una sospecha paralizante sobre el éxito. El resultado es malo, y devastador por donde le veas: hemos creado una sociedad que aplaude cuando se castiga al sector privado, sin entender que cada traba a una empresa es una puerta cerrada para un graduado universitario. Al estigmatizar al empresario, hemos castigado, en realidad, al trabajador, limitando sus opciones de empleo solo a un puñado de sectores.
Contexto historico el “Salario de Subsistencia” Marxista
Para entender la narrativa actual contra el empresario, hay que volver a la raíz: la tesis de Carlos Marx sobre el “Ejército Industrial de Reserva”. Según esta visión, el capitalista tiene un incentivo perverso para mantener al trabajador en el nivel mínimo de subsistencia (apenas lo suficiente para que no muera y pueda volver mañana a la fábrica). Marx argumentaba que, si los salarios subían, el capitalista introducía maquinaria para despedir gente, creando un “ejército de desempleados” de ese modo se presionaba a los salarios nuevamente a la baja.
¿Por qué esta tesis falla?
- La falacia del Monopolio de Empleo: La tesis marxista asume que los capitalistas actúan como un bloque unido (un cartel) para mantener los sueldos bajos. Pero en un mercado de abundancia de empresas, esto es imposible. Si una empresa intenta pagar solo “subsistencia”, la empresa de enfrente —hambrienta de talento para cumplir con sus pedidos— le ofrecerá un 20% más al trabajador para robárselo.
- El valor del Capital Humano: En la era de la “mentofactura” y una industria avanzada dependiente del conocimiento y talento desarrollado, un trabajador ya no es una pieza intercambiable de una máquina. Un ingeniero o un técnico especializado representa una inversión $masiva$ en capacitación. Mantenerlo en “subsistencia” es el peor negocio posible: el trabajador se va, se lleva el conocimiento y la empresa pierde competitividad.
- La verdadera causa de la subsistencia: Lo que Marx llamaba “explotación” es, en realidad, el resultado de la escasez de capital. El trabajador mexicano no gana poco porque el empresario sea “malo”, sino porque hay tan pocas empresas compitiendo que el trabajador no tiene a dónde huir.
Conclusión de la nota: La narrativa gubernamental actual utiliza la retórica marxista para justificar el control estatal. Sin embargo, la historia ha demostrado que el único antídoto real contra el “salario de subsistencia” no es la regulación estatal, sino la proliferación de capitalistas. Cuando los empresarios sobran, el trabajador si tiene capacidad de defensa.
La Realidad Automotriz vs. La de Energía
Para entender por qué esa tesis falla pero su ideología impide abundancia de empresas, basta con observar dos realidades opuestas dentro de nuestras fronteras: la industria automotriz y el sector energía.
La Industria Automotriz (El Modelo de Apertura): Este sector es el que realmente está “salvando” a la economía mexicana. Al estar integrado globalmente y libre de monopolios estatales, ha creado un ecosistema muy innovador y vibrante de miles de empresas (desde ensambladoras hasta proveedores de alta tecnología). Aquí, un ingeniero puede elegir entre decenas de empleadores, lo que empuja los salarios al alza y fomenta la innovación.
El Sector Energía/Petróleo (El Modelo de Exclusividad): Aquí impera el monopsomio laboral. Al reservar estas actividades solo para el Estado bajo una narrativa de soberanía mal entendida, hemos creado un cuello de botella. No hay competencia, no hay incentivos para innovar y, sobre todo, no hay opciones para el trabajador especializado en petroleo o energia, quien queda atrapado en tabuladores burocráticos.
Tabla del “Duelo de Sectores”
| Categoría | Industria Automotriz (El Modelo de Apertura) | Sector Energía/Petróleo (El Modelo de Exclusividad) |
| Número de Empleadores | Abundancia: Decenas de armadoras y miles de proveedores (Tier 1, 2 y 3). | Monopsonio: Un solo comprador principal (PEMEX/CFE). |
| Poder de Negociación | Del Trabajador: Si un ingeniero no está conforme, cruza la calle a otra empresa que busca su talento. | Del Estado: El trabajador está sujeto a tabuladores burocráticos y los sindicatos cerrados que trabajan en los beneficios de los lideres sindicales. |
| Origen de la Tecnología | Transferencia y Co-creación: Centros de R&D locales vinculados a cadenas globales (EE. UU./Alemania). | Dependencia de Importación: Se compra tecnología fuera porque la falta de competencia interna no incentiva la innovación. |
| Rol de las PyMEs | Escalamiento Real: Pequeñas empresas locales se vuelven proveedores globales de alta precisión. | Contratismo Satélite: Empresas que dependen de la voluntad de un solo comprador; no escalan, solo “sobreviven” de acuerdo a voluntad de lideres políticos y sindicales. |
| Impacto en Graduados | Ambición: El graduado aspira a ser gerente global o emprender en la cadena de suministro. | Frustración: El graduado depende de “plazas” limitadas o de la suerte política. |
La Soberanía de la Abundancia
La verdadera soberanía de un país no se mide por quién es el dueño del subsuelo, sino por la cantidad de opciones que tiene un ciudadano para prosperar. Al prohibir la inversión de medianas y grandes empresas en sectores clave, estamos limitando artificialmente la cantidad de “compradores de trabajo”.
México está desperdiciando su potencial al mantener sectores estratégicos como cotos cerrados. Si permitiéramos que la energía, la petroquímica y la infraestructura operaran bajo la misma lógica competitiva que la industria automotriz, veríamos un despunte masivo en la creación de empresas nacionales.
Terminamos con esto
El empleo digno no se crea por decreto; se crea permitiendo que existan empleadores competitivos. El reto de 2026 y lo que le sigue, es transitar de una economía de “sectores reservados” a una economía de abundancia. La mejor defensa del trabajador mexicano no es una ley más estricta, sino una calle llena de empresas compitiendo por su talento.
Nota al lector: Este es el primero de una serie de tres artículos donde analizaremos cómo la falta de competencia empresarial está frenando el futuro de México. En nuestra siguiente entrega: “Lecciones Globales: El mito de que el estatismo es igual al monopolio”. Analizaremos cómo potencias como China e India han logrado que sus empresas estatales compitan entre sí para elevar la productividad, demostrando que el modelo de monopolio mexicano es una ideología que nos está saliendo demasiado cara.



